Es el hombre al que acuden quienes ya han llamado a todas las puertas y continúan atrapados al otro lado.
Investiga, presiona y protege, aunque no siempre resulta fácil distinguir dónde termina su sentido de la justicia y empieza su necesidad de castigo.
Bruno Sagarra no es policía.
Tampoco un detective convencional.
Es el hombre al que acuden quienes ya han llamado a todas las puertas y continúan atrapados al otro lado. Investiga, presiona y protege, aunque no siempre resulta fácil distinguir dónde termina su sentido de la justicia y empieza su necesidad de castigo.
El problema es cómo lo hace.
Bruno tiene los pies en la tierra. Aunque no siempre controla hasta dónde llegan sus manos.
Treinta y un años, Barcelona, un apellido que abre puertas antes de que nadie le pregunte qué busca. Sabe moverse entre despachos, herencias y familias que cuidan mucho su imagen.
Y conoce también el otro lado: los sitios donde nadie pregunta nada, las amenazas que jamás se dicen en voz alta, la violencia que cabe entera dentro de un contrato firmado con todas las de la ley.
Es observador.
Es elegante.
Es paciente.
Ahí es donde pierde el suelo: proteger empieza a parecerse a decidir por otro, y ayudar se asemeja mucho a castigar
Bruno lo sabe. Y aun sabiéndolo, cuando llega ese punto, no siempre logra detenerse a tiempo.
Odia a los hombres que deciden por los demás y lo que más teme es convertirse en uno de ellos.
No siempre tendrá razón.
No siempre actuará bien.
Y cada error que cometa lo pagará alguien.
Bruno no ayuda porque se crea un hombre bueno.
Ayuda porque sabe exactamente lo que ocurre cuando nadie lo hace.
Que cada caso termina.
Pero las heridas permanecen.
Cada entrega de La Tercera Puerta presenta una nueva víctima, un adversario acostumbrado a utilizar el miedo, el dinero o la ley como escondite y un caso con su propia resolución.
Pero Bruno no vuelve a empezar desde cero en el siguiente libro.
Abusos, amenazas, desapariciones, chantajes y fraudes en los que la justicia existe, pero no llega a tiempo.
Bruno deberá decidir hasta dónde puede llegar para proteger a alguien sin convertirse en otro hombre que impone su voluntad.
Cada novela revelará algo sobre Haritzaldea, la muerte de sus padres y la herencia que recibió sin conocer su verdadero origen.
El origen de la Tercera Puerta
Una noche destruye la vida de Bruno Sagarra.
Cuando despierta, la justicia parece demasiado lenta y la venganza demasiado sencilla.
Mientras busca a los responsables, una mujer y su hija llaman a su puerta huyendo de un hombre poderoso. Ayudarlas obligará a Bruno a decidir qué hará con su rabia y cuánto está dispuesto a perder para impedir que otra víctima quede abandonada.
Lo que empieza como una búsqueda de venganza terminará convirtiéndose en algo mucho más peligroso: una forma de ayudar a quienes ya no tienen adónde acudir.
No todos los casos de La Tercera Puerta caben dentro de una novela.
Algunos comienzan con una nota sin firma, un sobre debajo de una puerta o un documento que debería haber permanecido enterrado.
Esos casos llegan primero a El Archivo.
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